El pasado 3 de octubre culminó la Bienal de las Artes Visuales Honduras 2010 que tuvo esta edición a la Galería Nacional de Arte como su sede.
Para esta ocasión Adán Vallecillo, Darvin Rodríguez, Darwin Andino, Dina Lagos, Fernando Cortés, Gabriel Galeano, Gabriel Vallecillo Márquez, Jorge Oquelí, Lester Rodríguez, Lucy Argueta, Nahúm Flores, Walter Suazo fueron los artistas seleccionados.
Para representar a Honduras en la Bienal Centroamericana a realizarse este mismo año en Managua Nicaragua fueron seleccionados: Lucy Argueta, Fernando Cortés, Darvin Rodríguez, Léster Rodríguez, Adán Vallecillo y Gabriel Vallecillo Márquez.
Ahora les llevaremos por cada una de las salas y a conocer las obras que formaron parte de esta Bi3nal...
SALA 1
 |
Lucy Argueta ha intervenido los vestidos como si se tratara de piel, o de cuero. Las telas están enceradas con resina de poliéster, siguiendo un tratamiento similar al encurtido de pieles. De esa forma, la artista plantea una reflexión acerca del vestir y su simbolismo. Nos habla también de presencia y de ausencia. La ropa que cubre el cuerpo se convierte en una segunda piel que al desprenderse de la persona que la lleva conserva su historia. La obra se transforma así en un objeto cargado de significado. |

Lucy Argueta realiza a través de este objeto un guiño al surrealismo, acercándose también al concepto del ready-made. La artista imagina un ser híbrido. Personifica unas escrituras de propiedad introduciéndolas en unas botas. De esa forma, carga al objeto de una fuerte connotación simbólica. Su obra aborda relaciones de tipo doméstico. Las piezas centrales de la obra son las escrituras pertenecientes a dos amas de casa, una de 1948 y otra de 1972. Le permite tratar temáticas como las relaciones familiares o el matriarcado. La artista se mueve a medio camino entre el arte, la antropología, la sociología y la historia. Además, en la obra entrelaza el concepto de memoria, ya que la pieza nos habla de presencias y de ausencias y nos permite imaginarnos lo que fue, a partir de la historia que los propios objetos nos evocan.

Adán Vallecillo reutiliza objetos cotidianos para reinterpretarlos y otorgarles un nuevo discurso. Cada una de sus piezas nos invita a la reflexión. En el caso de Topografía nº1, el artista construye un particular mapa a partir de neumáticos procedentes de varias llanteras de la ciudad de Tegucigalpa pero fabricados en diferentes países. Algunos neumáticos contienen parches y válvulas, y muestran la huella del desgaste y de las reparaciones. De esa forma, Vallecillo nos conduce a reflexionar sobre la carga histórica de cada uno de ellos. Cada neumático es tensado manualmente por el artista y montado sobre el bastidor para conformar un mapa conceptual que remite a la descripción de una realidad física cercana. Las líneas que otorgan un valor tridimensional a un mapa son aquí sustituidas por las desgastadas huellas de los neumáticos.

Una bandeja de acero inoxidable utilizada en restaurantes de lujo alberga cientos de dientes y muelas recolectadas durante los tres últimos años por brigadas médicas, en la región occidental de Honduras, en los departamentos de Intibucá, La Paz y Lempira, la zona con el mayor índice de pobreza del país. Es además, el lugar donde la población indígena es más numerosa. Adán Vallecillo pone en evidencia las desigualdades sociales con una obra que remite directamente al hambre y a la desnutrición, uno de los grandes problemas del país, particularmente en la zona señalada y que es fruto directo de la pobreza. Plantea, además, un juego irónico, ya que los dientes y las muelas, la parte del cuerpo que sirve en teoría para procesar alimentos, son colocados en una bandeja, ofrecidos para ser degustados.
Vallecillo nos recuerda, asimismo, que la calidad de una obra de arte no se mide exclusivamente por la calidad de los materiales utilizados. Se vale de deshechos que convierte en obra de arte, otorgándoles nuevos significados. Observe objetos usados en su alrededor, ¿qué otros usos les podría dar?


Léster Rodríguez dispone piezas de ajedrez, pero tanto el número como su posicionamiento difieren de las normas originales del juego. El ajedrez es un juego de guerra que requiere la presencia de dos jugadores. Se juega sobre un tablero y cada participante tiene 16 piezas, las de uno son blancas mientras que las del contrario son negras. En este caso concreto, el artista utiliza únicamente piezas blancas y prescinde de tablero, colocándolas directamente sobre la pared. Utiliza un número mayor de figuras. En el centro de la instalación, se sitúan los peones de manera dispersa. El peón es la pieza más vulnerable y numerosa del juego. Estos están rodeados de las piezas más poderosas que sí guardan una disposición determinada. La obra explora los mecanismos de coerción y el ejercicio del poder.





Darwin Andino retoma Corrección idiomática, un trabajo de carácter social iniciado en 2006, cuando comenzó a fotografiar grafitis realizados en el contexto de la celebración del 1 de Mayo. Ese día los manifestantes aprovechan para trasladar sus esperanzas a las paredes y reivindicar una sociedad mejor. Sin embargo, el artista nos revela que los textos están cargados de faltas de ortografía. Mediante una intervención digital el artista se convierte en corrector. En 2010, retoma la idea a partir de los escritos realizados en las calles de Tegucigalpa para denunciar el golpe de estado. Esta vez las correcciones se hacen in situ, directamente sobre los grafitis. A través de la corrección idiomática Darwin Andino realiza una manipulación positiva de la realidad. Interviene las paredes en aras de una mejora.

La obra de Darvin Rodríguez cobra particularmente vida y significado con la participación del visitante. Se trata de una pieza cargada de esperanza. El artista realiza una pintura mural hiperrealista directamente sobre los muros de la sala de exposiciones. La imagen representada es un tanque de enormes dimensiones de color frío y gris. Este vehículo de combate, diseñado exclusivamente para el enfrentamiento militar simboliza una estructura de poder como es el ejército. Su imagen se relaciona con la guerra, la violencia y el abuso de poder. Sin embargo, Darvin Rodríguez invita a la utopía ofreciendo al espectador la posibilidad de decorar el tanque mediante la estampación de flores blancas. Estos se irán superponiendo, y poco a poco el objeto irá desapareciendo. La flor tiene para el artista un doble significado. Por un lado, es un elemento decorativo, y por otro, posee connotaciones liberadoras siendo utilizada como símbolo de despedida en los rituales fúnebres. De esa forma, se dota a la pieza de la capacidad de producir una catarsis.
SALA 2
Una serie de marcos reciclados y reutilizados de diversos formatos alojan a los personajes dibujados por la mano de Nahúm Flores. La obra conserva cierto aire de comic, sin embargo está dotada de un especial dramatismo. Estas criaturas habitan paisajes inquietantes, espacios vacíos pero con una gran carga emocional. A veces se encuentran solos, otras en turbadores grupos. Algunos de ellos llevan los rostros cubiertos de vendas, otros muestran una mirada triste o perdida. ¿Cuál es su historia?

Jorge Oquelí utiliza como medio artístico la performance, ya que esta le permite una comunicación directa con el público. Su propio cuerpo es objeto y sujeto de su trabajo, de esa forma supera la barrera entre el arte y la vida. Las imágenes muestran el registro de la acción de carácter irrepetible. El artista camina vestido de blanco hasta una fosa de tierra llena de agua, de forma cercana al chamanismo. Se introduce en ella, y queda sumergido durante una hora respirando mediante una pequeña manguera. Tras el tiempo transcurrido, sale del foso y regresa. Toda la acción queda registrada, siendo este registro fundamental como testimonio de lo sucedido. A través de la acción, el artista busca establecer un diálogo con el espectador, interpelarlo, y despertar sensaciones.

Fernando Cortés crea su particular Bestiario. Se reapropia de un término de origen medieval que nos traslada a imaginar unos seres fantásticos, portadores de perversiones, imaginativas bestias de carácter intimidatorio. La obra alude directamente al fenómeno de la explotación infantil. Para denunciar este preocupante asunto confecciona un látigo de cuero, símbolo de dominio y sometimiento, sobre el cual va colocando una serie de anzuelos. En ellos, a modo de señuelo o reclamo coloca pequeñas figuras con forma de ositos hechos de azúcar. Es su forma de denunciar un acto condenable y de invitar a la reflexión sobre este tema. La obra conduce a la toma de conciencia de la necesidad de proteger a la infancia de la explotación y el abuso.
SALA 3
Una vez más, Fernando Cortés utiliza el arte para denunciar una situación alarmante: la preocupante cifra de niños y niñas que cada día mueren de forma violenta en Honduras. La mayoría son brutalmente asesinados, y todos ellos tienen en común su pertenencia a las clases sociales más desfavorecidas. Para evidenciar este hecho, el artista realiza una instalación a modo de velatorio colocando un ataúd de madera de pino en el centro y en su interior introduce galletas de jengibre con forma de niños y niñas visibles al espectador. El color de las figuras es tostado aludiendo al color de piel de la gente de la región. El título de la obra está relacionado con el hecho de que las galletas están hechas para ser comidas por el espectador.
SALA 4

Gabriel Vallecillo presenta una compleja videoinstalación. Mezcla sonido, vídeo y performance para construir un trabajo narrativo acerca de la memoria. Seis vídeos simultáneos se proyectan sobre dos planos. En el vertical, las imágenes se muestran sobre vidrio y representan el estado consciente, el presente. Mientras en el horizontal, el agua acoge las imágenes que remiten al inconsciente, a la memoria fragmentada. De esa manera, se genera un diálogo entre ambas partes. Los personajes fueron filmados escuchando una serie de sonidos, mientras se les pedía que interpretaran lo que sentían. ¿Qué tipo de sonidos cree que escuchaban? Además, el artista les invitó a rememorar su pasado y también a interpretarlo de manera corporal. ¿Qué tipo de recuerdos nos evocan sus gestos? La memoria es un tema recurrente en la obra de Gabriel Vallecillo. De ella, le interesa su transformación provocada por el paso del tiempo. Los recuerdos no son estáticos, ni inamovibles y la percepción de la memoria cambia en función de la edad, y de la experiencia de cada uno.
SALA 5
Gabriel Galeano huye de la sala de exposición y realiza su obra en el espacio urbano. De esa forma, abandona el lugar institucional para actuar en un espacio concreto, motivado por una preocupación social. Se convierte en un actor social, implicado en el devenir la sociedad y busca incitar a la reflexión a través de la perturbación del espectador. Zona rosa es el título de una intervención en un lugar homónimo de la ciudad de Tegucigalpa. Esa zona es el lugar donde se concentra la gente con un alto poder adquisitivo, pero también es un espacio de prostitución donde deambulan los travestis de la ciudad. Galeano pinta de color rosa las líneas amarillas que indican la prohibición de estacionar. Mediante la obra, nos hace tomar conciencia del lugar pero también denuncia la homofobia existente en su entorno más próximo. El artista adopta un papel activo e implicado enfrentado a la realidad en la que vive.
SALA 6
Walter Suazo presenta una instalación sonora en una sala clave de la Galería Nacional, donde se exponen diversos objetos de temática religiosa, aludiendo así al poder que a través de los siglos ha tenido la iglesia católica. La voz distorsionada de un cura predicando el evangelio se entremezcla con enigmáticos sonidos electrónicos. El artista se interroga sobre la historia, y en particular sobre el predominio que ha tenido la iglesia católica y sus influencias en nuestra sociedad. Con el título interpela a los poderes eclesiásticos para que pidan perdón por las injusticias que han cometido.
TEXTO: Nausica Sánchez
FOTOGRAFÍA: Jackson David Cálix